Mónica Díaz Andrés, Instructora de Yoga, nos habla sobre dos conceptos de la filosofía de Yoga: la actitud con la que se hacen las cosas - Kara- y el auto estudio o descubrimiento de lo que verdaderamente “Soy” - Svadhyaya-.

Mónica Díaz Andrés
Instructora de Yoga

Creadora del proyecto “Yogamon: Sala de Yoga y Meditación”: clases de Yoga individuales y a grupos reducidos, Yoga con adolescentes, talleres de meditación mensuales y de fin de semana, ya sea en la Sala o en la Naturaleza, sesiones de Yogaterapia y Reiki.

Trabaja en Yogamon y Centre Mompó, Benimaclet - Valencia.

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Bienvenida Mónica, por favor cuéntanos algo sobre ti y tu forma de vivir el Yoga…

Conocí el Yoga de la mano de Patricia Restrepo en el año 2003 y la semilla empezó a germinar. He cambiado de lugar de residencia y la práctica de Yoga desde entonces me ha acompañado, profundizando en ella, paso a paso, a mi ritmo. En 2007 hice un viaje a India, visitamos Rishikesh (la cuna mundial del Yoga), me di cuenta que quería formarme en esta práctica milenaria. Así que en el 2012 volví y realicé mi primera formación de Instrucción en Yoga. A orillas del Ganges, comprendí que esto que estaba aprendiendo y era bueno para mí, tenía que compartirlo. Fue una revelación. Desde el principio, mi gran reto es llevar al día a día lo que aprendo en la práctica de Yoga. En ello estoy, eso es lo que puedo trasmitir.

¿Cuánto es importante para ti la constancia en la práctica del Yoga?

La constancia en la práctica me ha fortalecido, pese a la adversidad que se me ha manifestado en forma de limitación física, con muchos dolores (lumbalgia, hernia discal, meniscos rotos, tendinitis…) y emocional - mental (crisis de ansiedad, estados depresivos, estados mentales negativos…). Poco  a poco me ha ido “desnudando”, yendo hacia capas más profundas, van apareciendo partes mías que estaban tapadas. Y con paciencia, todo el mimo que puedo y constancia voy reconociendo, aceptando y reparando lo que va saliendo, en base a mis capacidades. Me he dado cuenta que no hay ninguna excusa para dejar de practicar. Mientras disponga de un cuerpo humano, conciencia y capacidad para respirar, puedo practicar Yoga.

¿Es correcto considerar el Yoga como una terapia de auto-conocimiento?

Para mí, la práctica de Yoga ha sido y es terapéutica en su conjunto. Me gustaría resaltar dos conceptos de la filosofía de Yoga que en mi proceso de auto-conocimiento han sido muy importantes: la actitud con la que hago las cosas (kara). Quizá no puedo cambiar una circunstancia desagradable, lo que sí puedo mejorar es mi actitud hacia ella. Y el auto estudio, descubrimiento de lo que verdaderamente “Soy” (Svadhyaya). El Yoga, a través de su propuesta de auto observación, me ha ayudado a darme cuenta, por ejemplo, de cómo las limitaciones físicas, que voy encontrándome en la práctica, y en el día a día, corresponden a patrones mentales y/o actitudes que he ido repitiendo, casi siempre de manera inconsciente. Estas  actitudes, van asociadas a un comportamiento o tensión física, que ha dado lugar a una lesión o enfermedad. Esto me está llevado a conocer, cuales son algunos de esos hábitos mentales que me alejan de la paz y me enferman física, energética, emocional y mentalmente.
Si hago el camino en el sentido inverso, dado que puedo modificar conscientemente mi actitud (más abierta, con aceptación, presente, positiva, compasiva, amorosa…) ante los sucesos de la vida, esto influye positivamente en mi salud física, mental, emocional y energética.

¿Qué otra terapia energética utilizas en tus clases?

Sobre todo en las sesiones individuales y de Yogaterapia utilizo una técnica de armonización energética, el Reiki.
Mi planteamiento es: una primera parte de Yoga (concentración mental, ejercicios de respiración y movilidad física), adaptado a la situación personal del/la alumn@ y después, durante la relajación, es cuando utilizo el Reiki, ya que es una herramienta que facilita el descanso, la armonización (interior- exterior) y el acceso a estados de calma y relajación. En ocasiones, sucede que la persona viene con mucha ansiedad, inquietud, agotamiento o incluso con un gran dolor. Entonces priorizo la sesión de Reiki.
Cuando acabamos la sesión, suelo preguntar cómo se encuentran, y las respuestas más habituales son: “mejor que cuando he venido”, “más descansad@”, “muy relajad@”, “más tranquil@”, “con menos flujo de pensamientos”…
En las sesiones grupales, me he dado cuenta que a veces durante la clase de Yoga y sobre todo en la relajación, el canal que soy se activa y la energía Reiki fluye a través de las palabras que al pronunciarlas van guiando la visualización, el recorrido del cuerpo…

En mi caso cuando recibo Reiki por mis compañer@s, y aun habiendo surgido movimientos energéticos durante la sesión, me siento nutrida, como si se recolocan cosas internas, descansada, más centrada y con mayor claridad.
Cuando soy yo la que facilito la sesión de Reiki, es como una meditación, me ayuda a tomar conciencia, a estar más presente.
Con el Reiki, me doy cuenta de que hay otra forma de relacionarse entre los seres humanos y por qué no entre los seres vivos en general, más allá de las palabras, gestos, miradas,… que habitualmente utilizamos en la comunicación.

Y terminamos con tu consejo personal de salud para todos.

Contacto con la naturaleza “exterior”: tenemos tan cerca la playa, el río, la Sierra Calderona; abrazar un árbol, mirar el cielo aunque estemos rodead@s de asfalto y edificios, preguntar al vecino/a cómo está, sonreír por la calle, cantar, caminar, bailar… sola o en compañía de personas que trasmitan buen rollito.

Contacto con la naturaleza “interior”: ser consciente de la propia respiración. Tratarme con paciencia, amor y sentido del humor.

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